Por naturaleza, todos los hombres son racionales, y todos los seres racionales tienen iguales derechos ante el tribunal de la razón. Pero las clases gobernantes - los príncipes, la nobleza, los sacerdotes, los generales - comprenden de sobra que al difusión de la razón pronto abriría los ojos de los pueblos del mundo al colosal fraude en cuya virtud, en nombre de ficciones vacías como la santidad de la Iglesia, el derecho divino de los reyes, las pretensiones de orgullo nacional o la posesión de poder o riqueza, se ven forzados a renunciar a sus derechos naturales y trabajar sin quejarse para mantener a una reducida clase que no ostenta ni sombra de derechos para exigir tales privilegios. Por lo tanto, la clase superior en la jerarquía social tiene especial interés

personal en frenar el crecimiento del conocimiento natural allí donde este amenaza con exponer el carácter arbitrario de su autoridad, y sustituirlo por un código dogmático, un conjunto de misterios ininteligibles expresados en frases altisonantes con las que confunde las débiles inteligencias de sus desdichados súbditos para mantenerlos en un estado de ciega obediencia. Hasta puede darse el caso de que algunos miembros de la clase gobernante se engañen autenticamente a si mismos y lleguen a creer en sus propias invenciones, pero ha de haber algunos que sepan que solo por el engaño sistemático, apuntalado por el ocasional empleo de la violencia, puede mantenerse un orden tan corrompido y antinatural...
... y como la razón no puede nunca oponerse a la razón; todos los conflictos privados y públicos se deben, en ultima instancia, a algún elemento irracional, al simple hecho de no percibir como puede lograrse un armonioso ajuste de intereses aparentemente antagónicos.
La razón tiene siempre razón. Para cada pregunta hay una sola respuesta que, mediando la necesaria asiduidad, infaliblemente se descubre, y esto se aplica no menos a cuestiones de ética o política, de vida personal o social, que a problemas de física o matemática. Una vez hallada una solución, el ponerla en practica es cuestión de mera habilidad técnica; pero antes han de ser apartados los enemigos tradicionales del progreso y ha de inculcarse a los hombres la importancia que tiene actuar en todas las situaciones conforme al consejo de expertos científicos desinteresados cuyo conocimiento se funda en la razón y la experiencia. Logrado esto, el camino queda abierto al milenio."
... y como la razón no puede nunca oponerse a la razón; todos los conflictos privados y públicos se deben, en ultima instancia, a algún elemento irracional, al simple hecho de no percibir como puede lograrse un armonioso ajuste de intereses aparentemente antagónicos.
La razón tiene siempre razón. Para cada pregunta hay una sola respuesta que, mediando la necesaria asiduidad, infaliblemente se descubre, y esto se aplica no menos a cuestiones de ética o política, de vida personal o social, que a problemas de física o matemática. Una vez hallada una solución, el ponerla en practica es cuestión de mera habilidad técnica; pero antes han de ser apartados los enemigos tradicionales del progreso y ha de inculcarse a los hombres la importancia que tiene actuar en todas las situaciones conforme al consejo de expertos científicos desinteresados cuyo conocimiento se funda en la razón y la experiencia. Logrado esto, el camino queda abierto al milenio."Isaiah Berlin (Politólogo e historiador de las ideas; está considerado como uno de los principales pensadores liberales del siglo XX)